Los hermanos Gastón y Eduardo Guzmán construyeron una de las propuestas más singulares de la música popular chilena, llevando a sus canciones las historias de trabajadores, campesinos y comunidades que encontraron en la copla una forma de contar y comprender el país.
Hablar de Quelentaro es hablar de memoria, poesía y canción popular. Es también acercarse a una parte de la historia de Chile narrada desde las experiencias de quienes vivieron el trabajo, las dificultades sociales, la vida rural y los profundos cambios que atravesó el país durante la segunda mitad del siglo XX.
Aunque su trayectoria suele vincularse con la Nueva Canción Chilena, Quelentaro desarrolló una identidad artística propia. Su origen social y geográfico, sus temáticas y, especialmente, su manera de construir las canciones hicieron del dúo una propuesta difícil de encasillar.
De Angol a Rapel: el nacimiento de Quelentaro
Los hermanos Gastón y Eduardo Guzmán crecieron en Angol, en una familia donde la música era parte de la vida cotidiana. El canto, la guitarra y el contacto con payadores y folcloristas fueron formando desde temprano una relación profunda con la tradición popular.
La vida laboral llevó posteriormente a ambos hermanos hasta Rapel, donde comenzaron a trabajar para Endesa. Fue allí donde nació el proyecto que inicialmente se presentó como Conjunto Quelentaro.
A comienzos de los años sesenta realizaron su primera grabación, “El letrado”, financiada mediante un préstamo de la empresa. Sus primeros auditores fueron precisamente sus compañeros de trabajo, quienes ayudaron a distribuir el disco por distintos lugares del país.
La agrupación pasó por una primera etapa como quinteto, pero con el tiempo se consolidó como el dúo de los hermanos Guzmán. En 1966 publicaron “Coplas al viento”, iniciando una discografía que se extendería durante varias décadas.
Uno de los principales rasgos de Quelentaro fue la utilización de la copla, una forma de expresión que combina poesía, relato y canto.
En sus composiciones aparecieron las experiencias del mundo campesino y también las de quienes desarrollaban labores en las ciudades. Carpinteros, panaderos, obreros, mineros y profesores encontraron un espacio dentro de sus canciones.
La influencia de la tradición folclórica latinoamericana convivió con referentes literarios y musicales como Atahualpa Yupanqui, además del interés de los hermanos Guzmán por escritores y poetas.
De esta manera, Quelentaro convirtió la canción en una herramienta para observar la realidad, rescatar historias y expresar una mirada crítica sobre la sociedad.
Durante los años de la Unidad Popular, el dúo desarrolló una intensa producción artística. Sus canciones abordaron asuntos políticos y sociales con una franqueza que incluso los diferenció de otros exponentes de la canción comprometida de aquellos años.
Quelentaro mantuvo además una posición independiente frente a las estructuras políticas y culturales. Su preocupación estaba puesta en representar al pueblo y sus experiencias, más que en identificarse exclusivamente con una determinada organización política.
Uno de sus proyectos más importantes fue “Coplas libertarias a la Historia de Chile”, concebido como una interpretación de la historia nacional desde una perspectiva humanista. El objetivo era recuperar aquellos aspectos humanos que muchas veces quedan fuera de los relatos oficiales.
El golpe de Estado de 1973 marcó un antes y un después para los hermanos Guzmán. Eduardo fue enviado al exilio y finalmente se estableció en Canadá.
La distancia provocó un largo período de silencio musical, pero no significó el final de Quelentaro. Los hermanos continuaron trabajando a distancia, intercambiando cartas, ideas y composiciones.
Así nacieron nuevas canciones y se mantuvo vigente el nombre del dúo en uno de los períodos más difíciles de la historia reciente de Chile.
Con el paso de los años volvieron a reunirse y comenzaron una importante etapa de presentaciones internacionales. Europa se convirtió en uno de sus principales escenarios, con actuaciones en Alemania, Holanda, Suecia, Bélgica, Francia, Rumania y España, además de apariciones en medios internacionales.
El regreso de Eduardo a Chile permitió el reencuentro de los hermanos con su público. Realizaron presentaciones masivas y continuaron ampliando una obra que ya formaba parte de la memoria musical chilena.
Durante la democracia, Quelentaro siguió desarrollando su trabajo, aunque permaneció principalmente alejado de los grandes medios de comunicación y mantuvo una fuerte presencia en circuitos provinciales.
En 2002, el aporte de los hermanos Guzmán recibió un reconocimiento oficial con el Premio Presidente de la República, en la categoría de folclor.
Eduardo Guzmán falleció en abril de 2012. Gastón continuó presentándose durante algunos años, manteniendo vivo el repertorio de Quelentaro hasta su fallecimiento en agosto de 2019.
Quelentaro: memoria, identidad y canción popular
La historia de Quelentaro trasciende la trayectoria de un dúo musical. Su obra representa una forma de entender la canción como memoria colectiva, como espacio para recuperar las voces de trabajadores, campesinos y personas comunes que también forman parte de la historia de Chile.
Desde las raíces folclóricas hasta la poesía social, desde Angol y Rapel hasta los escenarios internacionales, los hermanos Guzmán construyeron un repertorio que se negó a olvidar.
Quelentaro cantó a Chile desde sus márgenes, desde el trabajo y desde la experiencia cotidiana. Y en cada copla dejó un registro de un país que merece seguir siendo escuchado.
En Radio Trapananda queremos mantener vivo este patrimonio sonoro y acercar a nuevas generaciones las voces que han construido la historia de la música popular chilena.
Porque escuchar a Quelentaro también es una manera de escuchar nuestra propia historia.