Sin abejas no hay cerezas, paltas, arándanos ni manzanas. Pero el problema va mucho más allá de la producción agrícola: sin polinizadores también colapsan ecosistemas completos, disminuye la biodiversidad y se profundiza la crisis ambiental que ya afecta a Chile y al planeta.
En el marco del Día Mundial de las Abejas, académicos de la Universidad de Chile advirtieron sobre la creciente amenaza que enfrentan estos insectos esenciales para la vida, en medio de un escenario marcado por el cambio climático, la expansión de monocultivos, el uso intensivo de pesticidas y la destrucción del bosque nativo.
Aunque Chile atraviesa un auge exportador de miel y material genético apícola, especialistas llaman a no perder de vista el problema de fondo: la supervivencia de las abejas está directamente ligada a la seguridad alimentaria y al equilibrio ecológico del país.
Abejas: el trabajo invisible que sostiene la vida
Según cifras del Sistema Oficial de Información Pecuaria (SIPEC), actualmente existen más de 1,1 millones de colmenas registradas y cerca de 5.700 apicultores en Chile. En 2024, el país exportó más de 4.100 toneladas de miel, generando ingresos por USD 14,7 millones y consolidando mercados en Alemania, Estados Unidos y Francia.
Sin embargo, detrás de las cifras económicas existe una función ambiental irremplazable: la polinización.
“La polinización que realizan las abejas durante la recolección del néctar es fundamental para el correcto funcionamiento de los ecosistemas y la producción de alimentos”, explicó el académico de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, Edwar Fuentes Pérez.
El especialista recordó que gran parte de las plantas silvestres y cultivos agrícolas dependen directamente de estos insectos para reproducirse, mantener la diversidad genética y sostener la cadena alimentaria.
Bosque nativo y abejas: una relación inseparable
Uno de los puntos centrales de la alerta ambiental planteada por los expertos tiene relación con la destrucción progresiva del bosque esclerófilo de la zona central, ecosistema mediterráneo único en el mundo donde habitan especies como quillayes, boldos, peumos y arrayanes.
El académico Gustavo Cruz, de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, advirtió que la preservación de las abejas depende directamente de la protección de estos ecosistemas.
Las abejas polinizan el bosque y, al mismo tiempo, el bosque alimenta a las abejas mediante néctar y polen. La desaparición de flora nativa producto de incendios, urbanización, monocultivos y sequía está debilitando esa relación vital.
Junto a especialistas como Mario Gallardo y Natalia Varela, Cruz es coautor del “Manual Apícola de especies melíferas del bosque y matorral nativo esclerófilo de la zona central de Chile”, publicación que busca fortalecer una apicultura vinculada a la conservación ambiental y al manejo sustentable del territorio.
Más de 460 especies nativas amenazadas
Aunque la abeja europea Apis mellifera es la más conocida por la producción de miel, Chile alberga más de 460 especies de abejas nativas, muchas de ellas fundamentales para la polinización de flora endémica.
A diferencia de las abejas domésticas, gran parte de estas especies son solitarias y anidan en suelos, troncos o tallos. Varias no producen miel, pero cumplen funciones ecológicas esenciales para la supervivencia de ecosistemas completos.
El problema es que muchas de estas especies están siendo afectadas por el uso masivo de agroquímicos, la fragmentación de hábitats y la megasequía que golpea especialmente a la zona central del país.
Pesticidas, monocultivos y crisis climática
Los especialistas coinciden en que las amenazas son múltiples y acumulativas. Entre los factores más críticos aparecen:
- Uso intensivo de pesticidas y agroquímicos.
- Expansión de monocultivos forestales y agrícolas.
- Pérdida de bosque nativo.
- Cambio climático y aumento de temperaturas.
- Megasequía y escasez hídrica.
- Disminución de diversidad floral.
“Resulta absolutamente necesario protegerlas como un objetivo central por parte de gobiernos, apicultores y quienes llevan a cabo prácticas agrícolas”, sostuvo Fuentes.
La advertencia no es menor: organismos internacionales vienen alertando hace años sobre la disminución global de polinizadores y sus efectos sobre la producción de alimentos y la estabilidad de ecosistemas.